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El envejecimiento no es continuo: se acelera a los 34, 60 y 78 años

El envejecimiento no es continuo: se acelera a los 34, 60 y 78 años

El proceso de envejecimiento del cuerpo humano es gradual, pero no se produce siempre a la misma velocidad a lo largo de la vida, sino que existen tres momentos en la vida en las que se acelera este proceso: a los 34, 60 y 78 años. Además, también es diferente para los hombres y para las mujeres.

Índice

El envejecimiento no es continuo, sino por saltos

Actualmente, más de mil millones de personas son mayores de 60 años en todo el mundo, y se estima que esta cantidad aumentará en los próximos años. Está claro que la esperanza de vida ha aumentado mucho en las últimas décadas, pero el envejecimiento no se puede parar, como mucho retrasar. Lo que sí podemos conseguir es alcanzar la vejez con unas condiciones de vida mucho mejores si nos cuidamos adecuadamente. Y una buena manera de lograrlo es comprender mejor cómo se produce el envejecimiento en el organismo.

El envejecimiento es un factor de riesgo predominante para varias enfermedades crónicas que limitan la salud. Por tanto, los mecanismos del envejecimiento se reconocen cada vez más como posibles dianas terapéuticas.

Según este estudio, biológicamente hay momentos durante la vida en los que el organismo humano acelera el envejecimiento. En concreto, como decíamos, hay tres edades en las que el envejecimiento se acelera: a los 34, a los 60 y a los 78 años.

Estos cambios tienden a agruparse en tres puntos separados en la vida de una persona: edad adulta, edad media tardía y vejez.

¿Por qué el envejecimiento se acelera en estas edades?

Parece que la causa está en los principales factores de riesgo para envejecer: la edad, la genética, la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo, las enfermedades cardiovasculares, el sedentarismo y algunos factores sociales. Y en su contraparte, es decir, los factores protectores que nos ayudan a ralentizar el envejecimiento: edad, genética, dieta saludable y actividad física.

Se sabía de antes que la sangre de ratones jóvenes revierte aspectos del envejecimiento y la enfermedad en múltiples tejidos (una práctica polémica en humanos conocida como “transfusión de sangre joven”), lo que respalda la hipótesis de que los cambios moleculares en sangre relacionados con la edad podrían proporcionar nuevos conocimientos sobre la biología de la enfermedad.

Para saber más, la investigación midió los niveles de casi 3.000 proteínas individuales que se encuentran en el plasma. El estudio contó con la participación de más de 4.000 voluntarios mayores de edad y descubrió que casi 1.400 de estas proteínas variaban significativamente con la edad.

Las proteínas se encargan de ejecutar las instrucciones transmitidas a través de todas las células del cuerpo. Los cambios en sus niveles en sangre reflejan el inicio, el desarrollo y el cambio de diferentes procesos biológicos. Los investigadores encontraron que estos cambios a menudo eran bastante repentinos: los niveles de una proteína permanecían estables en la sangre durante años y luego se hundían o crecían rápidamente, en lugar de mostrar un aumento o una disminución constante.

Las ondas de cambios en el proteoma (grupo completo de proteínas elaboradas por un organismo) en la cuarta, séptima y octava décadas de la vida reflejaron distintas vías biológicas y revelaron asociaciones diferenciales con el genoma y el proteoma de las enfermedades relacionadas con la edad y los rasgos fenotípicos.

Lo más sorprendente fue que estos saltos parecían estar sucediendo de manera sincronizada, con cambios notables en múltiples proteínas en tres fechas concretas: alrededor de los 34, 60 y 78 años. La principal hipótesis es que el cuerpo cambia significativamente su programación biológica alrededor de estas edades.

Los cambios en los niveles de esas proteínas en la sangre no solo caracterizan, sino que posiblemente causan indirectamente, el fenómeno del envejecimiento.

Además, el estudio de las proteínas permite adivinar la edad de una persona de manera bastante fiable. En concreto, una mezcla de 373 proteínas sanguíneas pueden usarse para predecir con precisión la edad de una persona, con un margen de aproximadamente tres años.

Aunque con excepciones, ya que algunas personas parecían más jóvenes de lo que realmente eran de acuerdo a sus proteínas. Cuando el cálculo de la edad mediante las proteínas atribuye un tiempo de vida menor a la edad real de una persona, sus niveles de salud son superiores a los que se corresponden con su edad.

Por último, como decíamos, los hombres y las mujeres envejecen de manera diferente. De las 1.379 proteínas que evolucionaron con la edad, 895 (casi dos tercios) fueron significativamente más predictivas para un sexo que para el otro.

¿De qué nos sirve este descubrimiento?

Aparte de lo curioso que es averiguar que nuestro organismo tiene tres momentos concretos en los que el proceso de envejecimiento se acelera, tener esta información nos puede servir para diseñar medicamentos específicos para tratar enfermedades relacionadas con la edad y fármacos que retrasen el envejecimiento a partir de la evolución de los niveles de proteínas en la sangre.

Además, saber que realmente existe un reloj fisiológico que marca el envejecimiento tiene un potencial de uso médico interesante: por ejemplo, puede detectar el envejecimiento prematuro de una persona.

Las aplicaciones clínicas pueden tardar entre 5 y 10 años en desarrollarse, pero ofrecen un futuro prometedor en lo que a retrasar el envejecimiento se refiere.

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Ideas clave

  • Biológicamente hay momentos durante la vida en los que el organismo humano acelera el envejecimiento. En concreto, como decíamos, hay tres edades en las que el envejecimiento se acelera: a los 34, a los 60 y a los 78 años.
  • El estudio descubrió que casi 1.400 de las 3.000 proteínas estudiadas variaban significativamente con la edad.
  • Los investigadores encontraron que estos cambios a menudo eran bastante repentinos: los niveles de una proteína permanecían estables en la sangre durante años y luego se hundían o crecían rápidamente, en lugar de mostrar un aumento o una disminución constante.
  • Los hombres y las mujeres envejecen de manera diferente. De las 1.379 proteínas que evolucionaron con la edad, 895 (casi dos tercios) fueron significativamente más predictivas para un sexo que para el otro.
  • Tener esta información nos puede servir para diseñar medicamentos específicos para tratar enfermedades relacionadas con la edad y fármacos que retrasen el envejecimiento a partir de la evolución de los niveles de proteínas en la sangre.

Enfermedades relacionadas

Fuente: Lehallier, B., Gate, D., Schaum, N. et al. Undulating changes in human plasma proteome profiles across the lifespan. Nat Med 25, 1843–1850 (2019). https://doi.org/10.1038/s41591-019-0673-2

Redacción: Irene García

Supervisión editorial: Tomás Duraj

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